200 denuncias. Ninguna condena.

Hoy se cumplen 4 años del accidente que condujera a la muerte a ocho cosecheros de Yerba Mate. Muchas veces me he planteado si es correcto llamarlo accidente, en especial teniendo en cuenta que no es accidente si existe la posibilidad de ser evitado. En realidad, y como está probado fueron la negligencia, la desidia y la falta de controles los motivos reales por los cuales estos trabajadores y estos niños perdieran la vida. No quiero dejar de decir los nombres de las víctimas fatales. Fueron: Fabián Da Silva (23), Fernando Piñero (13) y su papá José Francisco Piñero (42); Lucas Da Silva Rodríguez (14), Edgar Ferreira (17), Luis Godoy (33), Miguel Miranda (55) y su hijo Hugo Franco (33).

Fernando Piñero murió a la edad de 13 años, pero comenzó a trabajar en la cosecha a los 8 años. Este sistema de producción basado en la explotación no solo se robó la vida de estos niños, sino que se viene llevando la oportunidad de una vida digna de miles y miles de niños que comienzan a trabajar a una edad de entre 5 y 13 años.

Este es un buen momento para reflexionar. Detener este flagelo, que involucra a todo el campo argentino, traerá igualdad de oportunidades no solo para los niños que hoy trabajan en los campos de labranza en la Argentina, sino también para miles y miles de niños que de no hacerlo nacerían para formar parte de un sistema que empuja a los pobres a una nueva forma de esclavitud.

No queremos extendernos en esto. Solo voy a enumerar las tres condiciones básicas para que la explotación infantil sea posible.

  1. a) Un grupo de personas cuya condición de pobreza, economía de subsistencia y falta de oportunidades, les obligue aceptar la explotación laboral.
  2. b) Un grupo de personas con la intención y la capacidad de incrementar su patrimonio a costa de la explotación de personas en situación de vulnerabilidad.
  3. c) Que a vos y a mí no nos importe que esto suceda.

Como es sabido todo holocausto o crimen de lesa humanidad, tiene su cultura negacionista, la tiene el holocausto judío, el armenio, también el terrorismo de estado en Argentina y esto a pesar de que en muchos casos la justicia haya sido clara y castigara a los culpables. Siempre aparecen personas que niegan la existencia del delito organizado y sistemático. Muchos también niegan la explotación infantil y el trabajo esclavo, otros felicitan y valoran el trabajo del cosechero en los escenarios y los llaman vagos y borrachos en privado. Insisto, es un día para reflexionar. Casualidad o no esta negación es acompañada de un correlato económico que suele ser funcional al negador. Siempre es posible enfrentar la cultura del relato que nos han contado y que abrazamos con tanta naturalidad. El pobre es vago, no trabajan porque no quieren, hasta hemos creado un nuevo vocablo para referirnos a los pobres, ahora los llamamos en forma despectiva: “Planeros”. Me incluyo, porque yo también soy parte de esta sociedad, aunque deseo y trabajo para no ser funcional al poder que mantiene a este sistema en un “estatus quo” que también es funcional a la economía de la injusticia.

Esta es una oportunidad para desafiar esas creencias. Sino, esta historia dejara al desnudo la realidad de que, por acción u omisión, todos fuimos participes necesarios.

En los últimos tres años hubo 200 denuncias de trabajo infantil, Ninguna condena. La justicia tiene una gran deuda con estos miles de niños a los que ha abandonado en manos de empresarios explotadores.

Vos, yo y todos, podemos ser parte de la generación que abolió la explotación infantil y el trabajo esclavo del campo argentino.

“Un sueño para misiones” ha elaborado un proyecto de ley el cual ha presentado en Congreso de la Nación argentina, para que cada argentino pueda elegir en góndola un producto certificado libre de trabajo infantil.

Animación del proyecto de ley elaborado por “Un sueño para Misiones”.

Patricia Ocampo. “Un sueño para Misiones”.

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